
El nacimiento de Jesús es una línea que atraviesa las almas humanas y los destinos políticos, y hasta las afiliaciones religiosas. Comenzamos en un lugar de poder, Jerusalén. A esta ciudad con su gente, su rey, sus escribas y sus sacerdotes llegan los extranjeros, astrólogos que tienen la cabeza en las estrellas y el corazón al descubierto. Son cándidos en medio del poder brutal y están tan concentrados en su búsqueda espiritual que no ven cómo el mal se sirve de ellos para sus fines mortales. Lo verán, pero cuando ya se haya causado el daño. Su mismo anuncio de una buena noticia -la estrella ascendente de otro rey- es recibido con trastorno, consternación y confusión. La lectura declara lealtades. «Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». La aparición de una estrella desconocida y el nacimiento de un niño desconocido plantean una amenaza.
La reacción del poder, afianzado en sus propios intereses y en su falta de atención al pueblo, es rápida y firme. Herodes convoca a los sumos sacerdotes y a los escribas, los que se ocupan del conocimiento de la religión y deben preocuparse de los intereses del pueblo. Les pregunta dónde va a nacer el Mesías. Herodes recibe noticias amenazadoras: «De ti (Belén) saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel». Tiene todos los ecos vibrantes del pastor-rey David, el más grande de los reyes de Israel, amado por Dios, poderoso en las batallas, cantor de salmos y pecador, aunque entregado al reino de Dios. Esto es suficiente para poner en marcha la mente demoledora de Herodes, Ya ha matado a algunos de sus familiares para asegurar su posición en el poder. ¿Qué importa otro niño?
A continuación Herodes se acerca a los buscadores sinceros, los astrólogos cuyo conocimiento obviamente no los ha enseñado a discernir la presencia del mal fríamente calculador en el momento en que los utiliza. Le comunican la hora exacta de la aparición de la estrella. La destrucción se pone en marcha. Se les dice que se vayan, que obtengan una información más detallada y que vuelvan a informar, para alimentar el odio más de lo que se necesita para destruir la posibilidad de la vida, del poder y la presencia de otro. Herodes da a su orden un aspecto engañoso:
«Avisadme, para ir yo también a adorarlo».
El relato, que había comenzado con la presencia de los Magos «después del nacimiento de Jesús», continúa ahora con estas palabras: «Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino». La estrella vuelve a aparecer y los guía al lugar donde está el niño. Su reacción ahora es la de un gozo incontenible, quizá aún más intenso a causa de su encuentro con el mal en Jerusalén.
Al entrar en la casa, encuentran al niño con María, su madre. Se postran y lo adoran; abren sus cofres y le presentan sus dones; reciben un mensaje en un sueño, y vuelven a su tierra por otro camino. Estas sencillas descripciones de la conducta de los astró logos son en realidad orientaciones para todos los que buscan la luz, la sabiduría y un camino de adoración.
El teólogo y exegeta Michael Crosby ha dicho que el Evangelio de Mateo es el evangelio de «la casa de los discípulos». Cree que siempre que se menciona una casa se alude a la Iglesia, la casa de los discípulos. Cuando los extranjeros entran y encuentran al rey, un niño pobre con su madre, se postran en adoración. Como los pastores, comprenden y reconocen la gloria de Dios en la presencia de un niño con su madre. Adoran y entregan regalos al niño y la madre, abriendo sus corazones, y ofrecen lo mejor que tienen: oro, incienso y mirra. Entregan sus vidas y sus tesoros, y a cambio se les da sabiduría, la ciencia para discernir el bien y el mal, la vida y la muerte. Esto es lo que se llevan a casa, un camino de luz, verdad y vida. Es un camino que se revela en profundidad sólo a los que adoran y cuyas ofrendas revelan la entrega de sus vidas y la intención de sus corazones. Es un programa de vida para los que entran y llegan a creer.
La reacción del poder, afianzado en sus propios intereses y en su falta de atención al pueblo, es rápida y firme. Herodes convoca a los sumos sacerdotes y a los escribas, los que se ocupan del conocimiento de la religión y deben preocuparse de los intereses del pueblo. Les pregunta dónde va a nacer el Mesías. Herodes recibe noticias amenazadoras: «De ti (Belén) saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel». Tiene todos los ecos vibrantes del pastor-rey David, el más grande de los reyes de Israel, amado por Dios, poderoso en las batallas, cantor de salmos y pecador, aunque entregado al reino de Dios. Esto es suficiente para poner en marcha la mente demoledora de Herodes, Ya ha matado a algunos de sus familiares para asegurar su posición en el poder. ¿Qué importa otro niño?
A continuación Herodes se acerca a los buscadores sinceros, los astrólogos cuyo conocimiento obviamente no los ha enseñado a discernir la presencia del mal fríamente calculador en el momento en que los utiliza. Le comunican la hora exacta de la aparición de la estrella. La destrucción se pone en marcha. Se les dice que se vayan, que obtengan una información más detallada y que vuelvan a informar, para alimentar el odio más de lo que se necesita para destruir la posibilidad de la vida, del poder y la presencia de otro. Herodes da a su orden un aspecto engañoso:
«Avisadme, para ir yo también a adorarlo».
El relato, que había comenzado con la presencia de los Magos «después del nacimiento de Jesús», continúa ahora con estas palabras: «Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino». La estrella vuelve a aparecer y los guía al lugar donde está el niño. Su reacción ahora es la de un gozo incontenible, quizá aún más intenso a causa de su encuentro con el mal en Jerusalén.
Al entrar en la casa, encuentran al niño con María, su madre. Se postran y lo adoran; abren sus cofres y le presentan sus dones; reciben un mensaje en un sueño, y vuelven a su tierra por otro camino. Estas sencillas descripciones de la conducta de los astró logos son en realidad orientaciones para todos los que buscan la luz, la sabiduría y un camino de adoración.
El teólogo y exegeta Michael Crosby ha dicho que el Evangelio de Mateo es el evangelio de «la casa de los discípulos». Cree que siempre que se menciona una casa se alude a la Iglesia, la casa de los discípulos. Cuando los extranjeros entran y encuentran al rey, un niño pobre con su madre, se postran en adoración. Como los pastores, comprenden y reconocen la gloria de Dios en la presencia de un niño con su madre. Adoran y entregan regalos al niño y la madre, abriendo sus corazones, y ofrecen lo mejor que tienen: oro, incienso y mirra. Entregan sus vidas y sus tesoros, y a cambio se les da sabiduría, la ciencia para discernir el bien y el mal, la vida y la muerte. Esto es lo que se llevan a casa, un camino de luz, verdad y vida. Es un camino que se revela en profundidad sólo a los que adoran y cuyas ofrendas revelan la entrega de sus vidas y la intención de sus corazones. Es un programa de vida para los que entran y llegan a creer.
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