terça-feira, 19 de maio de 2015

Reflexión
Es curioso. Cuando el Maestro ve en los discípulos un poco de lucidez para entender su mensaje, cuando parece que su fe es fuerte y su amor al Maestro ha crecido, les anuncia que le dejarán solo y que le abandonarán yéndose cada uno por su camino.
No lo hace con la intención de desalentarnos. Lo hace queriendo que veamos que nuestros buenos propósitos y proyectos están sostenidos de su mano amorosa. Aquí está la clave del gozo completo de los cristianos: sabemos que Dios está con nosotros.
Jesús no les oculta que el mundo se opondrá al mensaje del Evangelio. No les oculta la persecución. No les intenta convencer con demagogia para que le sigan. No. Jesús les anima con su ejemplo: "¡ánimo!: yo he vencido al mundo" Es de este modo como hay que entender la Muerte y la Resurrección del Señor, como el triunfo que sobrepasa totalmente los éxitos humanos: el triunfo que nos ganó la vida eterna.
Si tenemos un hermano mayor que nos saca de apuros en las peleas del colegio, no tememos las amenazas de quienes puedan comportarse poco amigables con nosotros. Así, si Jesús se ha batido dando su vida por destronar de una vez para siempre al príncipe de este mundo y ha vencido, no podemos tener miedo al qué dirán, ni sentirnos débiles frente a las insidias y las altanerías de los hombres. Nos toca ahora dar la cara por Cristo, como Él dio la vida por nosotros.

Nenhum comentário:

Postar um comentário