quarta-feira, 5 de fevereiro de 2014


Altas primicias de la fe de México,
mártir de Cristo que por Cristo inmolas
tu joven sangre, con viril entrega,
donde el sol nace.

Haz de nosotros los testigos fieles
del Evangelio, la palabra viva,
hoy más que nunca del Amor heraldos,
púgil de América.

En ti crecemos, san Felipe, incólumes,
porque en ti sube todo el Nuevo Mundo,
para mirar, desde el más alto cedro,
nuevos caminos.

Por ti madure higos de luz la patria.
Tu cuerpo, tilma de purpúreas rosas,
deje a su paso el esplendor moreno
de nuestra Madre.

Himnos y coros se desgranen siempre
en nuestras manos, como espadas fúlgidas,
ante el Altísimo, luz una y trina,
oh, san Felipe. Amén.

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