terça-feira, 1 de outubro de 2013


Súplica a la Virgen de Pompeya.

“Oh Rosario bendito de María, dulce cadena que nos vuelves a unir con Dios, vínculo de amor que nos unes a los Ángeles.

Torre de salvación en los asaltos del infierno.

Puerto seguro en el naufragio común, nosotros no te dejaremos jamás.

Tú serás consuelo en la hora de la agonía, a ti el último beso de la vida que se apaga.

Y el último acento de nuestros labios será tu nombre suave, oh Reina del Rosario de Pompeya, oh Madre nuestra querida, oh Refugio de los pecadores, oh Soberana consoladora de los afligidos.

Seas bendita en todas partes, hoy y siempre, en la tierra y en el cielo.

Amén”.

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

Nenhum comentário:

Postar um comentário