¡Dios te salve, María! Te saludamos con el Ángel: Llena de gracia. El Señor está contigo (Lc 1, 28). Te saludamos con Isabel: ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¡Feliz porque has creído a las promesas divinas! (Lc 12, 27).
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