sábado, 12 de outubro de 2013


El camino de la Libertad

El otro día le preguntaba a un grupo de jóvenes sobre lo que pensaban de la palabra libertad. Uno de ellos dijo: «Que puedo hacer lo que quiera»; otro expresó: «que puedo hacer lo que me da la gana» y otro dijo: "pronuncian la palabra «libertad» e inmediatamente pienso «éstos tienen la intención de hacer algo malo».

Sin embargo Jesús, nos dice : «Ustedes serán verdaderos discípulos míos si perseveran en mi palabra; entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. (Jn 8,31-32).

El Papa Francisco nos dice: "Ante todo ¡Sed personas libres!", explicando que "la libertad significa saber reflexionar" sobre lo que se hace. Y luego nos cuestiona: “¿Qué significa libertad?” y rechaza la idea de que se trate de hacer todo lo que se quiere, desechando lo que no agrada. “La libertad se nos da ¡para que sepamos elegir las cosas buenas en la vida!”

Es verdaderamente libre, no quien hace lo que le parece, sino aquel que logra renunciar a todo aquello que le impide ser él mismo y logra elegir el camino que le lleva a la plenitud. La libertad es inseparable de la vocación personal, de la voz que con fuerza Dios pronuncia en lo más hondo de nuestro ser.

La verdadera libertad comienza aquí: dándome cuenta de que soy llamado, de que soy requerido para ser fiel a mi mismo, para ser fiel al proyecto de vida buena y bella que Dios, al crearme, pensó para mi. Por eso, la libertad no es apetencia, ni camino desviado. Es vocación de fidelidad. Piensen lo que quieran los superficiales: el que ama la libertad ama un camino difícil. No busca soluciones fáciles. Al contrario, reivindica, defiende, una incómoda responsabilidad: mantener la fidelidad a la Verdad.

El camino de la libertad es duro porque asume y defiende siempre la verdad. Y a esto se debe añadir que muchas veces los demás hacen que este camino sea más difícil aún. Hay una especie de cruel oposición a la vida del hombre y de la mujer que luchan por su libertad.

Señor, que nadie ni nada me separe de Tu verdad; que sepa renunciar a todo aquello que me impide ser fiel a la voz que Tu pronuncias en mi interior; que aprenda, con paciencia, a recorrer las sendas de la libertad para que mi vida sea fuente de luz, sea fuente de amor para los demás.

P. Óscar

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