Si un catequista se dejar llevar por el miedo, es un cobarde; si un catequista se queda tranquilo terminará siendo una estatua de museo; si un catequista es rígido, se vuelve reseco y estéril. Prefiero una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma. Nuestra belleza y nuestra fuerza es que si salimos a llevar su Evangelio con amor, Él camina con nosotros y nos primerea siempre. Papa Francisco.
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