NUESTRA SEÑORA DE
LA FUENSANTA
Patrona de las Cuatro Villas. A 100 kiló metros de Jaén, en
el Adelantamiento de Cazarla, se alza Villanueva del Arzobispo, cuyo nacimiento
está muy vinculado a la existencia del emplazamiento defensivo de Iznatoraf,
sito a cinco kilómetros de la mencionada villa.
Cuenta la leyenda que uno de
los siete santos varones que continuó la labor de cristianización del Apóstol
Santiago, San Esiquio, regaló a la ciudad de Iznatoraf una imagen de Santa
María, que debió de alcanzar gran veneración, ya que a su devoción existen
referencias en la obra Antopodosis, escrita por el Obispo de Cremana en el
siglo x.
La imagen fue venerada en secreto, según afirma la tradición,
durante la dominación musulmana, por los cristianos que fueron encerrados en las
mazmorras por Alimenón, el cual, enterado de que su esposa prestaba auxilio a
los prisioneros y que estaba interesada por la fe que profesaban, ordenó que la
llevasen al monte y le sacasen los ojos y le cortasen las manos, lo cual se
hizo. La pobre mujer, ante la inminencia de su muerte, invocó a Santa María,
quien hizo brotar una fuente a los pies de la mora, quien recuperó ojos y manos,
lavándose con el agua milagrosa. Santa María, a continua ción, le pidió que
ella y su marido se bautizasen y que erigiesen una ermita en aquel
lugar.
Los deseos de Nuestra Señora se cumplieron y en el año 964 se
erigía la ermita y se entronizaba allí la imagen de Santa María de Iznatoraf,
aunque pronto hubo de ser de nuevo escondida en la sierra, donde obró el milagro
al que Alfonso X dedica la cantiga CLXXXVII.
Cuando la ciudad es
reconquistada por Fernando III el Santo, vuelve a entronizarse en su ermita, la
cual, a excepción del torreón, es demolida y vuelta a construir. La Fuensanta,
así llamada por las milagrosas aguas que curaron a la reina mora, fue lugar de
peregrinación durante la Edad Media, como señala fray Pedro Aliaga Asen io,
Trinitario, cuyos trabajos constituyen una fuente inapreciable para conocer esta
advocación.
Gracias a los milagros que obra, la devoción se extiende y
se aclama a la imagen como Patrona de los murcianos.
En el siglo XVI el
templo pasa a ser regido por los Carmelitas Descalzos, y en el Santuario
pernoctó el propio San Juan de la Cruz. Poco después, durante el siglo XVII, y
una vez que, por lo precario de las condiciones de habitabilidad, el Santuario
hubo de ser abandonado por los Carmelitas, los monjes Basilios se hicieron cargo
de él, aunque tampoco permanecieron demasiado tiempo.
El 29 de
septiembre de 1884, los Padres Trinitarios se hacen cargo del templo y del culto
a Nuestra Señora. Ellos son los encargados del convento aledaño y de la
devoción a la imagen hasta hoy.
Desgraciadamente, la imagen original se
perdió en la Guerra Civil, aunque se sustituyó por una copia, fiel reproducción
de la anterior talla, que representa a Nuestra Señora mostrando a los fieles al
Niño en actitud de bendecir. Sus suntuosas vestiduras sólo dejan al descubierto
los rostros y las manos de ambas imágenes.
Coronada el día de su festividad,
29 de septiembre del año 1956, la imagen sigue siendo muy venerada en toda la
comarca,
saliendo en procesión escoltada por la imagen de San Miguel
Arcángel.
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