quarta-feira, 10 de julho de 2013

  • NUESTRA SEÑORA DE LA FUENSANTA

    Patrona de las Cuatro Villas. A 100 kiló­ metros de Jaén, en el Adelantamiento de Cazarla, se alza Villanueva del Arzobispo, cuyo nacimiento está muy vinculado a la existencia del emplazamiento defensivo de Iznatoraf, sito a cinco kilómetros de la mencionada villa.
    Cuenta la leyenda que uno de los siete santos varones que continuó la labor de cristianización del Apóstol Santiago, San Esiquio, regaló a la ciudad de Iznatoraf una imagen de Santa María, que debió de al­canzar gran veneración, ya que a su devoción existen referencias en la obra Antopo­dosis, escrita por el Obispo de Cremana en el siglo x.

    La imagen fue venerada en secreto, se­gún afirma la tradición, durante la dominación musulmana, por los cristianos que fueron encerrados en las mazmorras por Alimenón, el cual, enterado de que su es­posa prestaba auxilio a los prisioneros y que estaba interesada por la fe que profesaban, ordenó que la llevasen al monte y le saca­sen los ojos y le cortasen las manos, lo cual se hizo. La pobre mujer, ante la inminencia de su muerte, invocó a Santa María, quien hizo brotar una fuente a los pies de la mora, quien recuperó ojos y manos, lavándose con el agua milagrosa. Santa María, a continua­ ción, le pidió que ella y su marido se bau­tizasen y que erigiesen una ermita en aquel lugar.

    Los deseos de Nuestra Señora se cumplieron y en el año 964 se erigía la ermita y se entronizaba allí la imagen de Santa Ma­ría de Iznatoraf, aunque pronto hubo de ser de nuevo escondida en la sierra, donde obró el milagro al que Alfonso X dedica la can­tiga CLXXXVII.

    Cuando la ciudad es reconquistada por Fernando III el Santo, vuelve a entroni­zarse en su ermita, la cual, a excepción del torreón, es demolida y vuelta a construir. La Fuensanta, así llamada por las milagrosas aguas que curaron a la reina mora, fue lu­gar de peregrinación durante la Edad Me­dia, como señala fray Pedro Aliaga Asen­ io, Trinitario, cuyos trabajos constituyen una fuente inapreciable para conocer esta advocación.

    Gracias a los milagros que obra, la de­voción se extiende y se aclama a la imagen como Patrona de los murcianos.

    En el siglo XVI el templo pasa a ser regido por los Carmelitas Descalzos, y en el San­tuario pernoctó el propio San Juan de la Cruz. Poco después, durante el siglo XVII, y una vez que, por lo precario de las condi­ciones de habitabilidad, el Santuario hubo de ser abandonado por los Carmelitas, los monjes Basilios se hicieron cargo de él, aunque tampoco permanecieron dema­siado tiempo.

    El 29 de septiembre de 1884, los Padres Trinitarios se hacen cargo del templo y del culto a Nuestra Señora. Ellos son los encar­gados del convento aledaño y de la devo­ción a la imagen hasta hoy.

    Desgraciadamente, la imagen original se perdió en la Guerra Civil, aunque se susti­tuyó por una copia, fiel reproducción de la anterior talla, que representa a Nuestra Se­ñora mostrando a los fieles al Niño en ac­titud de bendecir. Sus suntuosas vestiduras sólo dejan al descubierto los rostros y las manos de ambas imágenes.
    Coronada el día de su festividad, 29 de septiembre del año 1956, la imagen sigue siendo muy venerada en toda la comarca,
    saliendo en procesión escoltada por la ima­gen de San Miguel Arcángel.

    EMANUEL ARAUJO CRISTAO GARANHUNS

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