sexta-feira, 2 de maio de 2014

  • Emanuel Araujo
a es la razón por la que no nos llegan ayudas, ¡porque estamos confiando más en el dinero que en Dios!", exclamó el santo, y tomando en sus manos la moneda la lanzó por la ventana.
Pocos minutos después llegó de la ciudad todo lo necesario para el almuerzo de todos los enfermos.
Otro día ya cerca de la hora del almuerzo no había nada con qué preparar el alimento para tanta gente. El santo se fue con sus religiosas y varios enfermos a rezar. Y a eso de la una de la tarde llegaron unos carros del ejército, avisando que los batallones se habían ido a hacer ejercicios militares bastante lejos y no habían podido regresar a tomar el almuerzo, y que ahí les traían todo el alimento ya preparado para bastantes centenares de personas. Y alcanzó para todos. Dios no le fallaba a este amigo suyo que tanta fe tenía en sus ayudas oportunas.
No tenía dinero y sin embargo pensaba en ampliar más y más su hospital. Y repetía gozoso:
"A la Divina Providencia de Dios le cuesta lo mismo alimentar a 500 que a 5,000".

Nenhum comentário:

Postar um comentário